una cuestión de venganza. Ancelotti, el entrenador, asegura que no, que no, que nada de revancha. Y la estrella del equipo, Kaká, insiste: «Si hay alguien que no se va a tomar esto como una revancha soy yo». Nadie lo admite, pero el Milán ha llegado a Atenas con la palabra venganza escrita en la frente y en las pancartas de sus aficionados.Hay que curar las heridas, ojo por ojo y derrota por derrota. Hay que ganar al Liverpool, hoy en la final de la Liga de Campeones, para que la derrota de hace dos años pueda ser recordada sin dolor.
Estambul, 2005. El fútbol da la oportunidad de repetir batallas y de hacer de cualquier tragedia un asunto efímero. Hace dos años, en la final de la máxima competición europea, el Milán, favorito absoluto, se enfrentó al Liverpool y en una primera parte memorable le hizo tres goles y se quedó corto. Era un gigante que jugaba con un muñeco. En la segunda mitad, sin embargo, el muñeco despertó y el Milán sufrió tres goles. Sufrió porque nadie lo esperaba. Porque, después, en la tanda de penales, se le escapó un título que tenía ganado y que había celebrado en el vestuario.
Derrotas así marcan a clubes más débiles. «Sí, hay malos recuerdos, pero yo vivo el presente, no el pasado», dice Kaká. El brasileño es el hombre del presente y del futuro. El futbolista de la final. En el camino a Atenas se han quedado Ronaldinho y Cristiano Ronaldo. Pero no Kaká, que en las semifinales derrotó al Manchester y tiene que acabar con los estudios de Benítez. El Liverpool es un equipo hecho del mismo modo que la resolución de un problema matemático. Nada queda sin estudiar, el azar debe ser anulado y los puntos débiles del rival, explotados hasta hallar el éxito. Frente a eso aparece Kaká, acompañado de un iluminado Seedorf. El talento es libre y poderoso. El problema es cuánto: «El talento es algo muy importante, pero casi lo es más el que juegue como un bloque. Pero nosotros también tenemos jugadores de ese tipo, como Gattuso», aseguraba ayer Kaká. Benítez, el estudioso. El entrenador español ha preparado la final en La Manga (Región de Murcia, España) porque las condiciones climáticas serán parecidas a las del partido. Benítez necesita el título para que los nuevos dueños del Liverpool confíen ciegamente en él y le den dinero para emprender grandes fichajes y sueños. Con lo que tiene, el entrenador madrileño ha hecho milagros. No quiere debates sobre el juego bonito y el toque. El fútbol son números y títulos y ahí gana. Con un equipo mejor que hace dos años, tiene que tomar decisiones: si juega con Mascherano, al que ha recuperado para el fútbol inglés, y Xabi Alonso, Gerrard se irá a la derecha, donde pierde presencia y llegada. También tiene que decidir en qué momento saca a Crouch. Si desde el principio, o apuesta por la velocidad de Bellamy y Kuyt. El Liverpool le va a dar el balón al conjunto italiano para que lo manejen entre Pirlo, Ambrosini y Seedorf.
Ancelotti no duda en el centro del campo, sólo en la delantera. «Inzaghi tiene más goles, pero Gilardino aporta más tr
abajo arriba». Y parece que va a apostar por los goles. En Estambul todo le fue fenomenal, hasta que llegó el desastre. Hoy quiere ganar rápido y controlar la situación. El Milan es el equipo favorito. Como hace dos años, siete jugadores titulares en Atenas lo fueron en Turquía. En el Liverpool repiten cinco. Aunque nadie ha olvidado lo que sucedió, hoy toca refrescar la memoria

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